domingo , 16 junio 2019

Si Guerrero fuera Sinaloa

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Chilpancingo, Guerrero.- Llegar a la ciudad de Chilpancingo, Guerrero, desde Sinaloa es toda una aventura. No existe un aeropuerto comercial en la capital del estado de Guerrero, por lo que se tiene que tomar un vuelo a la Ciudad de México y desde ahí emprender un viaje por carretera de aproximadamente 4 horas.

La moderna autopista del Sol (Cd. De México–Acapulco) contrasta con la pobreza del paisaje (poca agua, inexistente agricultura e interminables barrancas). No queda lugar a dudas: la carretera es ajena a los guerrerenses. Fue construida exclusivamente para llevar Chilangos hasta el puerto de Acapulco, todo lo que hay en medio es accesorio.

Conforme uno va recorriendo la carretera, poco a poco van quedando detrás los señalamientos de las poblaciones – Taxco, Pinotepa Nacional y la trágica Iguala-, de los incontables municipios sumidos en la pobreza y falta de oportunidades. Con un cegador destello, Chilpancingo irrumpe en el horizonte con sus incontables casas de lámina que contrastan con los areniscos colores de los cerros que envuelven la ciudad.

Chilpancingo es una cápsula de tiempo. La capital guerrerense quedó congelada en la década de los 80¨s. La arquitectura de hoteles, restaurantes, casas, edificios de gobierno y vialidades nos transporta a una época donde la modernidad pretendía ser la constante y simplemente quedo como un postal de lo que pudo ser.

El clima no es muy diferente a los calores sinaloenses; su gente es dicharachera, fiestera y viven con mucha alegría. Tacos gobernador de queso manchego y estofado de marlin son la curiosa forma de imitar nuestra cocina. La vida en Chilpancingo es desordenada y desenfadada.

Guerrero sufre de violencia, al igual que Sinaloa. La Universidad Autónoma de Guerrero está altamente politizada y muchos de sus profesores y funcionarios tienen una muy alta injerencia en la política local. Fuera del turismo, Guerrero sufre al encontrar una vocación productiva que reactive la economía del estado.

Sinaloa tiene la bendita fortuna de contar con cientos de miles de hectáreas productivas de agricultura; de otra forma, al igual que Guerrero, el turismo fuera nuestro motor económico.

Los gobiernos de Guerrero durante años se desentendieron del problema del crimen organizado y hoy pagan las consecuencias de su indulgencia; la sociedad no se queda atrás: por indiferencia se convirtieron en cómplices a la hora de entregar la seguridad de sus familias a los delincuentes. Sinaloa no está muy lejos de una realidad así. La violencia consume nuestra vida diaria y nadie parece inmutarse ante la penetración social de los delincuentes.

El espejo de Guerrero está bastante pulido como para no verlo desde lejos. Si nosotros seguimos por el mismo camino, más temprano que tarde encontraremos un nítido reflejo de una oscura realidad … después de todo, sin nuestra pujante agricultura no estamos lejos de padecer los males de nuestros hermanos del sur

EL MEMENTO DE HOY

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