domingo , 18 agosto 2019

El político de la cara marcada

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Hijo de político prominente, creado y criado desde las prerrogativas del poder que otorga el ejercicio público, consiguió amasar una gran fortuna vía la herencia de su padre. Durante su juventud tuvo acceso a todos los divertimentos de su época. Atlético, fornido y dueño de sí, era el epitome del junior consagrado de sus tiempos.

La preparación académica lo alejó por un tiempo del protectorado paterno. Después de algunos años, regresó a la sombra familiar para encargarse de los negocios y continuar con el legado de su estirpe. Nunca pudo negar su linaje y finalmente sucumbió al llamado de la vocación para incorporarse en el negocio de la política, pues en ninguna otra actividad se sentía cómodo.

Durante varios años pasó inadvertido en los cargos que le eran encomendados. Funcionario mediano y sin mucha iniciativa, aunque sí con una ambición que desbordaba en cada mirada, fue creciendo poco a poco hasta tomar luz propia entre sus partidarios.

Debido a sus aventuras desbocadas y andares descuidados, su cara quedó marcada para siempre, reprimiendo algo de sus dotes sociales. Cada vez le costaba más trabajo desenvolverse en público, puesto que sus facciones restaban parte de la seguridad que tanto añoraba de sus años de líder juvenil.

Aun así, se las ingenió para consolidar sus relaciones con los dueños del gobierno y eventualmente consiguió un espacio de gran representatividad social. La ambición se apoderó de él rápidamente y tras ocupar por unos cuantos meses su posición, renunció a ella para buscar ser el líder máximo de su patria chica.

Tras una serie de movimientos, logró su cometido, dejando en el suelo a competidores que parecían mejor posicionados que él. No le importó y utilizó todas sus estratagemas bien y mal habidos para lograr su objetivo.

Apoyado principalmente por mercenarios, tuvo que iniciar su campaña por la victoria. Pocos o ninguno de sus partidarios consideraban su liderazgo como el idóneo para alcanzar la conquista del triunfo. Conforme avanzan las batallas, el político de la cara marcada no reparaba en utilizar todos los medios a su alcance para avasallar a sus rivales: Corromper, presionar, humillar y contar con todo el apoyo del Estado en todos sus niveles.

Al final César Borgia consiguió su objetivo y unificó gran parte de Italia, Maquiavelo le dedicó su obra maestra y gobernó entre la paranoia y la esquizofrenia propias de un tirano. Su cara marcada pasará a la historia como una anécdota curiosa, pero el verdadero legado de César es sus desvaríos a la hora de prometer lo que no pudo cumplir a sus seguidores. Sus días terminaron por una traición y hoy todos recuerdan su ambición desmedida.

Afortunadamente y después de todo… César Borgia y su familia no tienen seguidores o imitadores en Sinaloa. ¡Qué si no!

EL MEMENTO DE HOY

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