sábado , 14 diciembre 2019

El Principito y los indignados

Juan Ordorica

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Su rosa lo atosigó y no tuvo más remedio que salir a tomar aire a los asteroides cercanos. El Principito -dueño, cuidador y amo absoluto del asteroide B 612–, tras un arranque de ansiedad provocado por su rosa, decidió que era momento de conocer los moradores de lo plantas vecinos.

Al igual que el personaje creado por Antoine de Saint Exuperey, la sociedad moderna se encuentra exahusta de tener que satisfacer las necesidades vacías de una casta dominante. Cual reguero de pólvora somos testigos atónitos del debilitamiento metódico y constante de la Nomenklatura y el Status Quo de la sociedad moderna íntimamente ligada a la corrupción y a los excesos.

En el asteroide 325, el Principito se encontró a un rey que vivía solo, pero inmediatamente lo reconoció como súbdito. -¿Cómo puedes saber que soy tu súbdito si nunca me has visto antes?, preguntó el Principito. Para un rey todos los hombres son súbditos, contestó el monarca. La respuesta del rey es la visión abstracta de una clase gobernante que no entiende el rescrebajamiento de los soportes históricos que lo aferran al poder: las promesas de un futuro mejor y las migajas del acaparamiento de la riqueza.

Para los empoderados, cualquier persona por debajo de su nivel en la pirámide es un súbdito o un vil soporte social.

En la marcha por el vecindario, el Principito llegó al próximo asteroide, el 326. Ahí radicaba un vanidoso que se amaba sobre todas las cosas. Me considero el más guapo, el más inteligente, el mejor vestido de este planeta, dijo el vanidoso. Nada parece ajustarse a la realidad que este pasaje de niño de levita. Los guapos, bellos y ególatras que gobiernan al mundo suponen que su simple presencia es suficiente para solucionar los problemas de su pueblo.

Cada vez vemos con más frecuencia la competencia entre monos y no entre ideas, entre intereses y no entre proyectos. La vanidad política nos tiene sumidos en la mediocridad y hundidos en el hoyo del conformismo.

El viaje del Principito continuó hasta llegar al planetoide habitado por un borracho. ¿Por qué bebes de esa manera?, preguntó un desilusionado Principito. Bebo para olvidar que soy alcohólico, contestó el beodo. Nuestros sistemas están alcoholizados; sin embargo, se rehúsan a dejar la bebida. Siguen haciendo lo mismo una y otra vez a pesar que se llevan entres sus vicios a personas, seguidores y ciudadanos en general. Nadie es capaz de lanzar una voz de cordura y obligar a los poderosos a desintoxicarse y encontrar otras alternativas a sus métodos desgastados.

Las aventuras del Principito continuaron. Visitó otros asteroides y eventualmente la tierra. Ahí conoció a un piloto, un zorro y una serpiente, entre otros personajes. Eventualmente el Principito regresó a su planeta a seguir cuidando a su exigente rosa, pero convencido que se necesitaban mutuamente. Nuestros sistemas necesitan renovarse conocer otras formas de pensar y admitir sus errores … después de todo o administramos las transiciones o terminamos en las manos de los enajenados, radicales, indignados e irresponsables moradores de los asteroides.

Dicho de otra forma: podemos terminar en las manos de los loquitos del mundo (Trump, Nigel Farage, Maduro y cualquier versión local que usted guste incluir en esta lista)

EL MEMENTO DE HOY

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