martes , 25 junio 2019

El juego ya comenzó en el PAN

El juego ya comenzó en el PAN

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Las declaraciones de Luis “El Güero” Nieves (hay muchos güeros en el PAN, no sé qué tan bueno o malo pueda ser eso) donde anuncia la publicación de la convocatoria para renovar el Comité Directivo Estatal (CDE) inauguró oficialmente la temporada de pleitos de pandillas al interior del PAN.

Veinte años de luchas internas y quedar como tercera fuerza política en Sinaloa parece que no fueron suficiente para enmendar la plana y cambiar la espiral decadente de derrotas.

Es cierto que con Heriberto Félix Guerra se quedó a unos cuantos votos de ganar la gubernatura y que con Malova una parte del PAN llegó al Gobierno del Estado, pero de ninguna manera significó un avance importante en las preferencias de Acción Nacional dentro del electorado o el cambio de sistema político al interior del partido.

Después de la elección del 5 de junio, el PAN debe comprender que toco fondo. Por primera vez desde finales de la década de los 80´s, el 90% de los sinaloenses estará gobernado por representantes populares emanados enteramente del PRI (Diputados locales, federales, alcaldes, senadores, gobernador y presidente de la República); Mazatlán y Culiacán, ciudades con el mayor índice de población, serán los principales afectados de este fenómeno.

Es indudable que jugar a lo mismo; con los mismos, no es una apuesta segura si el PAN local quiere jugar a ganar en los comicios del 2018. Las reglas “no escritas” al interior del blanquiazul son los lastres que impiden la consolidación como un partido de oposición con posibilidades de dar la pelea frente a un electorado moderno y con visiones muy diferentes a los liderazgos actuales del PAN.

Bajo el sistema actual de competencia interno, cualquier dirigente de CDE sobrepone como prioridad asegurar su carrera política y cobrar factura antes que termine su labor. Salvo contadas excepciones, los dirigentes utilizan la presidencia del partido para conquistar posiciones y crear una casta artificial de poder que poco o nada le sirve a la militancia.

En otras palabras, buscan ganar elecciones fuera, ya que consiguieron asegurar su futuro; el triunfo del partido queda en segundo plano; lo primero es consolidar plurinominales, negociar con sus aliados y enterrar a sus rivales.

La oposición interna a los CDE en turno tampoco ha sido una solución para terminar con estas prácticas.

Históricamente, los adversarios de los dirigentes sólo buscan desplazar al actor del poder en turno para llegar ellos y repetir los mismos patrones. Se convierte en una lucha de: “quítate tú para ponerme yo”. No existe un elemento de contraste entre proyectos; únicamente de ambiciones personales.

Hasta ahorita ya han aparecido muchos nombres que levantan la mando por la dirigencia del PAN (los cuales analizaremos en siguientes entregas), pero ninguno de los que ha levantado la mano ha presentado un proyecto claro y con propuestas que den certeza a la militancia. Hasta ahorita todos los apuntados apuestan a su arrollador carisma para resolver los problemas estructurales del partido.

El mundo cambió en veinte años, la sociedad cambió y la política cambió. Urge una nueva visión de compromisos militantes, un nuevo contrato social panista que exija de manera contundente a todas las partes hacer las cosas de una manera diferente.

Los que aspiren a dirigir deben entregar compromisos medibles y tangibles … después de todo el PAN debe dejar de ser el botín de unos cuantos, que acumulan más poder del que pueden controlar, a expensas de los que menos tienen y más aman al PAN.

EL MEMENTO DE HOY

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