sábado , 17 agosto 2019

Lucila: “Dice mi mamá que siempre no”

Lucila: “Dice mi mamá que siempre no”

Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Lucila Ayala de Moreschi es un personaje pintoresco en la política sinaloense.

Ajonjolí de todos los moles, la señora Lucila parece estar en la búsqueda de mejores praderas donde seguir creciendo al amparo de los presupuestos públicos.

Con una estampa muy característica que recuerda al personaje de Walt Disney de los 101 dálmatas Cruella Devil, Lucila Ayala se niega a pasar inadvertida en cualquiera de los cargos que ha ocupado. Si no hay polémica, sencillamente ella no es feliz.

Candidata por la alcaldía de Culiacán en el año 2001 (PT –Convergencia-Sociedad Nacionalista), alcanzó a colarse como regidora y en conjunto con Felipe Manzanárez, le pusieron mucho colorido a esa administración con sus constantes desplantes escénicos.

En el 2011, tras la elección del gobernador Mario López Valdez, Lucila consiguió un puesto como magistrada del Tribunal Contencioso de lo Administrativo y logró asumir la presidencia en su primera oportunidad; no podía ser de otra manera.

Después de cumplir con su periodo, en una muy peculiar tranquilidad, decidió que era hora de reelegirse; comenzó algunas maniobras políticas para lograr su cometido, fracasó en su intento y seguido de uno o dos berrinches, pudo negociar quedarse con la camioneta asignada la presidencia, logró personal para ella.

Trascurrió un periodo más en el tribunal y Lulicla volvió a la carga por la presidencia.

Con una votación de 2 a 1 en su contra… explotó. Lanzó acusaciones e improperios a diestra y siniestra olvidando la noción más básica de la democracia: se acepta ganar o perder por un voto.

Intentó señalar conductas inapropiadas de sus compañeros exponiendo a la institución al escarnio público, sin importar llevarse entre las alforjas la labor altamente calificada de los muchos que ahí laboran, anteponiendo los intereses personales a los de muchos profesionales del tribunal.

Cruella Devil coleccionaba abrigos de piel de diferentes animales; Lucila busca coleccionar puestos en diferentes instituciones.

Eterna participante de cuanta convocatoria es publicada (Procuraduría de Justicia, Comisión Estatal de los Derechos Humanos y cualquier otro organismo público descentralizado), vio caballo ensillado con el cambio en la Comisión Estatal de los Derechos Humanos y quiso participar con una chicanada digna de abogado “Huizchero”.

La convocatoria de la CEDH era muy clara en uno de sus puntos: “No ser servidor público al momento de la ratificación del Congreso local”.

Ante esta cláusula, Lucila presentó su renuncia al tribunal. Renuncia es renuncia; no es permiso; no es voy y vengo; es irse para no regresar.

Al no ser la elegida para el cargo de ombudsman y el retiro a su casa no es opción, la señora Ayala se desdijo de su adiós y más rápido que tarde metió frenos a su despedida.

Cruella y Lucila comparten más que la figura; comparten la ambición y la vida pomposa … después de todo es mejor quedar como arrepentida truculenta que inocente mártir fuera del presupuesto y las canonjías.

EL MEMENTO DE HOY

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