viernes , 14 mayo 2021

“El Malova ni con sus bailes nos convenció; sólo nos divertía»

“El Malova ni con sus bailes nos convenció; sólo nos divertía»

Irene Medrano Villanueva

Ahí en una de las sindicaturas más conflictivas del estado, donde la delincuencia ha sentado sus reales y sus autoridades la han mantenido marginada por décadas, como lo externaban los mismos pobladores, llegaba el gobernador Quirino Ordaz Coppel y la gente lo recibía con la esperanza de que ahora sí le llegó la hora a Villa Juárez, Navolato, y el mandatario estatal les aclaró que no llegaba con promesas y rollos, sino con realidades y hechos tangibles.

Desenfadado, el gobernador pedaleaba por la sindicatura simultáneamente con un grupo de “policletos” y un par de escoltas que corrían para darle alcance y así con una impresionante condición física, Quirino se bajó de su bicicleta ante el asombro de los asistentes que no daban crédito que un funcionario llegara “sudando la camiseta”.

Los asistentes cuchicheaban: “ya llegó el gobernador. Míralo. Ahí se bajó de una bicicleta”, señalaba una de las curiosas. “No, no es él, los políticos llegan presumiendo sus camionetotas”, respondía Alejo Bustamante.

Quirino se perdió entre la gente que primero lo recibía con sorpresa, luego ya entrados en confianza algunos hasta lo tuteaban cuando pasaba y los saludaba, conversaba y recibía parabienes, besos, bendiciones. “Que Dios me lo proteja, no me lo vayan a malograr nomás porque quiere hacer bien las cosas”, susurraba doña Eustolia Hernández.

Las peticiones le llovían y a todos los atendía.

“Usted es un hombre muy noble y justo por eso le hago una petición”, le dijo María del Refugio Medina, quien se quejaba del nuevo presidente municipal porque no cumplió los acuerdos con el doctor Javier Enrique. ¡El Rigo se rajó!

El gobernador platicaba con el alcalde y la señora lo seguía y le volvió a repetir: “usted es un verdadero hombre” y Quirino contestó: “puro Sinaloa”.

Los asistentes, en su mayoría indígenas triquis, mixtecos, amas de casa, de la tercera edad y personas con capacidades diferentes, se sorprendían de la soltura del gobernador.

“El Malova ni con sus bailes nos convenció, sólo nos divertía; este se ve buena gente, se da baños de pueblo, no le importa que estemos apestosos, pos nos sacaron de la chamba y lo que es mejor nos dice la neta”, comentaba Efraín Castillo.

¡Oiga… oiga, venga. Lo quiero saludar, porque no sé cuándo tenga oportunidad de volver a verlo!, le gritaba la señora Consuelo Rivas que lo siguió hasta que logró plantarle un beso.

¡Me da gusto verla!, exclamaba el gobernador y la señora Alba Luz Bonilla González le contestaba: “y a mi más”.

La señora Herminia Hernández, del campo Isidro, se hacía la remolona cuando el gobernador la quería saludar, se encogía, se ponía roja y Quirino le plantó un beso en la mejilla. Ella, ruborizada, se acariciaba el cachete y con su estima en alto musitaba: “pos nunca me había besado un señor como este…un gobernador”.

Algunos que la escucharon empezaron a murmurar: “con tan poco se conforma, mientras los políticos se acaban el país”.

“Con su saludo me doy por bien servido, hay que confiar en él”, les contestaba Evaristo Soto.

Después de casi una hora de saludar a la gente, Quirino llegaba al presídium y de inmediato Pedro Díaz Nevares, síndico de Villa Juárez, daba las gracias “por tanta maquinaria que nos rodea. Es algo histórico, estuvimos casi tres años castigados y en pocos días han hecho lo que no se hizo en la administración anterior”.

El ex alcalde Miguel Calderón que se encontraba ahí, se ponía de todos colores, se mesaba la escaza barba que le está saliendo.

El síndico pedía por la gente discapacitada, al advertir que es una lástima que no haya un censo, pero existen cerca de dos mil 500 discapacitados de una población de 30 mil habitantes.

“Me pidieron que fuera breve, pero son tantas las necesidades, tenemos 30 mil habitantes, pero en época de zafra son más de 40 mil y todos requieren servicios, tenemos los drenajes colapsados, lo que provoca infecciones”, dijo.

Luego lamentaba: “hemos tenidos buenos, malos y pésimos presidentes municipales, pero afortunadamente ustedes han venido a levantarnos el castigo”.

El presidente municipal Rigoberto Valenzuela aseguraba que con la maquinaria que había sido prestada por módulos de riego, Conagua y gobierno del estado de inmediato se iban a atender 30 colonias, además de que en los quince días que lleva al frente de la administración, han rehabilitado 18 asentamientos.

El gobernador, al hacer uso de la palabra, de entrada dijo que no iba a hablar mucho para que la maquinaria empezara a trabajar.

En medio de la gente, Quirino comprometía a agricultores, funcionarios federales, diputados y representantes de módulos de riego.

¡Hay que entrarle, chingao!, dijo. La gente le aplaudía y el gobernador insistía: “hay que atorarle para sacar adelante a las sindicaturas”.

Luego, preguntaba: ¿cuánta maquinaria tiene el municipio? Y el alcalde se quedaba callado, mientras Quirino volvía a inquirir y tímidamente, “el Rigo” contestó: una.

¡Ni una porque Miguel Calderón las vendió!, gritó la señora María Bojórquez.

¡A ver, Víctor, suéltate!, solicitaba el gobernador al diputado Víctor Godoy ya que decía que de acuerdo al liderazgo que tienen pueden hacer mucho por los municipios, pero la gente quería más y a gritos pedían que dijeran de a cuánto iba a ser el apoyo.

Así lograba el compromiso del diputado federal Evelio Plata, quien se comprometió a que el trabajo del dren que está a cielo abierto sea lo más rápido posible.

El representante de los módulos de riego, al igual que el Tano Leyson: señalaron que “estamos puestos” para apoyar esta obra que tenía un costo de seis millones de pesos hace tres años, pero que el titular de la Conagua precisó que se actualizaría de inmediato y el gobernador prometió que en este mismo semestre iniciarán las obras “antes de que empiecen las lluvias”

También los representantes de los indígenas que residen en esta sindicatura, en su idioma triqui, solicitaron una radiodifusora indígena, una oficina de Cepavi, “porque hay mucha violencia intrafamiliar”, entre otras peticiones.

“Usted es un gobernador excelente, es un hombre de palabra, usted es un hombre de calidad…no grita mucho, no es un payaso”, le dijo el hombre triqui después de que terminó con sus peticiones.

El gobernador les dijo a los habitantes de Villa Juárez: “aquí tienen a un amigo…y lo que vale son los hechos”.

La gente espontáneamente gritaba: Quirino, Quirino

¡Por Dios, cómo no querer a este hombre que nos habla con la verdá!, señalaba Victoria Soto, mientras se alejaba del lugar.

Café Negro/El Sol de Sinaloa

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