martes , 20 abril 2021

La 4T no llega al Hospital Regional # 1 del IMSS de Culiacán; mueren lentamente, tirados en el piso

La 4T no llega al Hospital Regional # 1 del IMSS de Culiacán; mueren lentamente, tirados en el piso

Irene Medrano Villanueva

Lamentos, sollozos, desesperación. Tirados en el suelo, a uno brotándole pus de su pierna derecha totalmente ulcerada, otro, con un dolor abdominal que le provoca un largo alarido y una más: Señora con presión alta y embarazada…la lista de enfermos que lidian con el padecimiento y la indolencia es interminable.

No es una película de esas que nos muestran la miseria de un pueblo africano, no, guardando las proporciones, en Culiacán, concretamente en el Hospital Regional del IMSS los pacientes se debaten entre el dolor y la impotencia de que no los puedan trasladar a una cama digna donde puedan ser atendidos como se merece porque para eso mensualmente pagan su cuota.

¡No hay camas…! Con esa locución son recibidos al llegar a la sala de urgencias, pero al acomodarse en el piso que será su lecho mientras se desocupa una cama, al demandar por lo menos un analgésico, escuchan la segunda frase: no hay…no hay.

Para un derechohabiente en Culiacán es un horror pensar que se va a enfermar y caer en urgencias del Hospital Número 1 del IMSS, porque “aquí si no vienes enfermo, te deprimes al ver a esta gente en esas condiciones, es inhumano”, señala Hortensia Barraza Carrizoza.

La falta de camas y de medicamentos en esta institución no es nueva, los derechohabientes tienen años padeciendo este escenario, sin embargo, esta situación empieza a empeorar porque los medicamentos básicos como el ácido acetilsalicílico a veces ya no se encuentran.

“Nosotros tenemos que comprar paracetamol o diclofenaco para mitigarle el dolor a nuestros pacientes”, señala la señora Hortensia.

Gabriel es su hijo, es empleado de una ferretería, le cayó una biga en su pie y no se sabe si además de tenerla abierta e infectada, la tenga quebrada.

Los pacientes están postrados en sillas que los familiares llevan, tirados en el piso en cartones, cobijas o de plano en el suelo, donde a veces las cucarachas los acompañan, los que tienen con que rentar o pagan una cama para seguir esperando su turno.

El piso está muy frío. Son las ocho de la mañana del miércoles, el día quizá más frío de este invierno, llegan unas caritativas mujeres a regalarles atole caliente.

“A veces estas benditas mujeres, traen un poco de alimento para familiares de enfermos que muchos de ellos tienen hasta 15 días en espera de una cama”, relata la señora Barraza.

El cuadro que observamos es deprimente. Caras largas, pálidas, miradas implorantes, desesperadas, silenciosas, soportando el dolor en las peores condiciones.

Se alegran cuando de vez en cuando una enfermera se dirige a ellos, los familiares de los pacientes se le amontonan, imploran, piensan que ya les van a hablar para ser encamados, pero vuelven a la realidad, cuando la enfermera con voz autoritaria les pide que esperen.

“Bueno, por lo menos ahora no nos regañó, porque desde que estoy aquí, sólo malos tratos. Nos ignoran, no tienen ni un ápice de clemencia para los enfermos. Si hoy no atienden a mi hijo, mi esposo anda consiguiendo dinero para llevarlo a un hospital de paga, no vaya a perder su pierna, pero me parece injusto que con sacrificios se pague al seguro y no tengamos atención”, lamenta la señora Hortensia.

Pero ella no es la única que se siente desesperada.

Si bien es cierto que los pacientes pocas veces se manifiestan, por estar ensimismados en su tragedia, sus familiares de vez en cuando se revelan, pero como ellos mismos dicen, les puede ir peor.

“Si exigimos, si demandamos de nada nos sirve, es como protestar en el desierto, al contrario, nos pueden castigar, tenemos la esperanza de que nos den una cama”, señala Evaristo Hernández.

Dicen que no entienden cómo el gobierno le va a hacer para atender de manera gratuita a todos los mexicanos.

“Si pagando una cuota cada mes y nuestros patrones pagan otro tanto, no sabemos cómo le van a hacer para atender de manera gratuita a la gente. Nos van a dejar morir como perros, porque así me siento, abandonado, desesperado, no hay medicamento para mi esposa, tuve que comprarle unos medicinas que le pusieron en el suero para bajarle la presión. Además compré unos cartones para que se tirara en el suelo y le administraran el suero”, lamenta el señor Evaristo.

Los derechohabientes se hacen amigos, muchos se cooperan para poder “alivianar al más jodido”, se solidarizan, pero en broma señalan que en lo único que no están hermanados es en ceder la cama cuando se desocupe.

“Aquí estamos como los trabajadores de las funerarias: parecemos buitres. A veces hasta pensamos en la muerte de alguno de los que están ocupando un lugar. A veces nos enteramos que está muy grave una persona y…”, señala Jesús.

Jesús tiene a su papá enfermo, ya es grande, dice, “pero creo que tiene el derecho de una oportunidad de vida y eso el gobierno no entiende que primero es la salud y luego los “viejijitos”, como dice López Obrador”.

Indica que su padre recibe el apoyo de los 70 y Más, “pero yo preferiría que ese dinero se invirtiera en salud porque para qué quieren ese dinero si no están sanos, no hay para atenderlos en un hospital de paga y no hay para medicamentos…y la mayoría de nuestros viejos requieren medicarse para tener calidad de vida”.

El Sol de Sinaloa

Hazte seguidor de Café Negro Portal con solo darle “Me gusta” a nuestra página www.cafenegroportal.com.

Simple Share Buttons