Científicos descubren en pitones una molécula que ayuda a los humanos a bajar de peso

 

(Café Negro Portal). – Un grupo de científicos en Estados Unidos (EU) descubrió en la sangre de las pitones (Pythonidae) una molécula que señala al cerebro cuando el cuerpo ya ha ingerido suficiente comida. El hallazgo abrió nuevas posibilidades para desarrollar tratamientos enfocados en la pérdida de peso y en la prevención de la pérdida de masa muscular relacionada con la edad.

El estudio, publicado en la revista científica Nature Metabolism, explicó que mientras la mayoría de los mamíferos había mantenido patrones de alimentación constantes y frecuentes, las pitones presentaron ciclos extremos de ayuno y consumo. Esta característica las convirtió en un modelo excepcional para investigar los mecanismos moleculares que se activan después de comer.

“Usando metabolómica no dirigida, mostramos que los niveles circulantes del metabolito para -tiramina-O-sulfato (pTOS) aumentan más de 1000 veces en las pitones después de una sola comida. En las pitones, la producción de pTOS ocurre de manera dependiente del microbioma a través de la descarboxilación y sulfatación secuenciales de la tirosina dietética”, se lee en el artículo publicado el 19 de marzo.

La molécula, denominada para-tiramina-O-sulfato (pTOS), fue identificada por la profesora Leslie Leinwand y su equipo de la Universidad de Colorado en Boulder durante el análisis del sistema digestivo de estas serpientes no venenosas originarias de África, Asia y Australia.

Claves del hallazgo

La investigación no buscó replicar el patrón alimenticio de las serpientes, sino comprender cómo estos reptiles lograron alternar largos periodos sin comer con ingestas abundantes sin generar afectaciones permanentes en órganos como el corazón o los músculos. Este comportamiento llamó la atención del equipo científico por su potencial para aplicaciones médicas.

Tras alimentarse, los expertos registraron que el corazón de la pitón incrementó su tamaño en alrededor de una cuarta parte, mientras su actividad metabólica se disparó hasta niveles extraordinarios para procesar la presa. Este proceso coincidió con un aumento notable del compuesto pTOS en la sangre, muy superior al observado en humanos, donde el incremento tras comer fue mucho más moderado.

“Planteamos la hipótesis de que los patrones de alimentación y las respuestas fisiológicas extremas de las pitones se verían reflejados en respuestas moleculares igualmente extremas. Por lo tanto, la pitón podría ofrecer una oportunidad única para descubrir moléculas posprandiales”, sustenta la investigación.

Para llegar a estos resultados, los especialistas aplicaron técnicas avanzadas de análisis metabólico en pitones birmanas, evaluando cambios en sustancias presentes en la sangre antes y después de la alimentación. Los ejemplares, jóvenes y con peso controlado, fueron alimentados una vez al mes con presas que representaban una cuarta parte de su masa corporal, lo que permitió observar con claridad las variaciones biológicas.

El pTOS, poco explorado hasta ahora, había sido detectado en humanos de forma aislada y principalmente en la orina, sin estudios profundos sobre su función en la sangre. En este proceso, los especialistas utilizaron la tirosina —un aminoácido— que las bacterias intestinales transformaron en tiramina; posteriormente, el hígado la convirtió en pTOS, el cual viajó al cerebro para enviar una señal de saciedad y disminuir el hambre.

En contraste, la hormona GLP-1 —objetivo de medicamentos como Ozempic y Wegovy— también intervino en la sensación de saciedad al retrasar la digestión y regular los niveles de glucosa. Sin embargo, su uso se ha asociado con efectos secundarios como náuseas y malestares gastrointestinales, lo que posicionó al pTOS como una posible alternativa a explorar.

Efectos prometedores en ratones

En pruebas con otros animales, los ratones que recibieron pTOS disminuyeron su consumo de alimento y, con el paso del tiempo, también redujeron su peso corporal. Este efecto ocurrió sin alteraciones importantes en su nivel de actividad, gasto energético o niveles de glucosa, lo que apuntó a un posible uso en investigaciones contra la obesidad.

Los resultados sugirieron la existencia de un mecanismo biológico que contribuye a generar sensación de saciedad tras comer, además de resaltar la influencia de las bacterias intestinales en la comunicación entre el cuerpo y el cerebro para regular el metabolismo.

Sin embargo, este compuesto solo ha sido evaluado en modelos animales. Su eficacia en humanos sigue sin comprobarse y podría variar, especialmente en personas con enfermedades como diabetes tipo 2, donde la respuesta natural del organismo para frenar el apetito podría no actuar de la misma manera.

Con información de SinEmbargo.mx

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