El fin de año no solo es fiesta, sino un ritual de renovación y pertenencia; celebraciones como mecanismo para refrescar vínculos y ordenar el tiempo: Investigadores UAS

Las celebraciones que cierran nuestro año son momento de introspección para ser humano, es hacer un corte para volver a empezar, renovando objetivos y metas que se desean cumplir; una acción que no solo depende de ciertas situaciones sino de la actitud, el empeño y la fe que en ello se ponga, compartió Stephanie Cortez.

 

La antropóloga social y profesora de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), explicó que, desde el punto de vista de esta disciplina del calendario al tejido social, los usos culturales de las celebraciones es ordenar el tiempo y ordenarnos nosotros mismo, un momento que también lo puede marcar el cumplir años, es decir, un segundo año nuevo donde se ponen sobre la mesa ciertos propósitos.

 

“En términos generales las celebraciones de fin de año no solo son fiestas, sino tienen también un uso social una especie de mecanismo para renovar vínculos y en esa renovación están también los rituales de ordenar el tiempo con buenos deseos, visitar a la familia y aquellos que no has visto durante el año; es renovación y es expresar pertenencia al regresar al terruño”.

 

Pero, en esa búsqueda de encuentro, es negociar tensiones, desde el dinero, afectos, ausencias, migración y la fe relacionada a la parte religiosa, qué decir del consumo para esas fechas que van desde los insumos, regalos y expectativas a futuro en el nuevo año.

 

Un tiempo que es construido por los seres humanos a través de un calendario, dijo, dejando ver cómo lo manipulamos y cómo se condensa en esta fecha, bajo ciertas preguntas como con qué y quién cuento y en qué quiero convertirme, qué quiero renovar, en qué quiero convertirme y qué quiero hacer en este nuevo año.

 

Otro aspecto son los rituales de reparación, que también son parte, donde a través de estos se reconectan las personas en esos reencuentros desde posadas, cenas o reuniones, es decir, un abrazo que permite esa reconciliación un perdón sin decirlo, tiempos de que la familia, amigos y conocidos se unan, dejando atrás el pasado para iniciar de nuevo.

 

Los rituales de presión también están presentes al final del año, mostrando lo que une y separa, las ausencias de quienes se han ido, los presentes pero que tenemos roces y aquellos de los que no nos podemos reconciliar, un consumo de afecto donde un regalo puede ser un mensaje de reconciliación y de agradecimiento desde me acordé de ti, te debo algo o bien, un gracias por estar presente.

 

En ese intercambio también entran las tensiones o favoritismos, donde lo interesante de esta fecha es que se consideran una tradición, pero esta cambia cada año, por lo que, están en constante transformación y cambio, por lo que, no se conserva en forma exacta conservando solo esa renovación.

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