(Café Negro Portal). – Testimonios recogidos tras la incursión aérea de Estados Unidos en Caracas para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro, describen el uso de una presunta “arma sónica”, que habría provocado desorientación, sangrados y la inmovilización de civiles y combatientes, en medio de un operativo que —según las versiones— neutralizó sistemas eléctricos y radares en cuestión de minutos.
“Capitulamos, no teníamos opción”, relató el testimonio de un venezolano anónimo aparentemente miembro de un “colectivo” que se encontraba en la Parroquia (barrio) 23 de Enero, perteneciente al Municipio Libertador, al oeste de la ciudad, al momento del ataque.
“No estamos preparados. La gente regresó los fusiles entregados voluntariamente; nadie quería combatir”, declara.
De acuerdo con el testimonio, que fue aparentemente parte de una conversación telefónica grabada entre dos personas y se hizo viral en redes sociales, en especial entre la diáspora venezolana en el exilio, un pitido de alta intensidad se escuchó, causando sangrado por nariz y oídos, y dejando a las personas sin capacidad de movimiento.
La versión apunta a una operación limitada en número pero abrumadora en capacidad tecnológica: “Ocho helicópteros y unos 20 hombres”, con armamento de alta cadencia —“más de 300 disparos por minuto”— y drones capaces de detectar y neutralizar de inmediato cualquier respuesta armada.
Un episodio citado describe a un individuo que disparó desde un edificio y fue localizado por un dron; minutos después, una bomba impactó el lugar.
La fuente estima alrededor de 100 militares muertos, además de numerosos civiles heridos, quemados y traumatizados en sectores como el 23 de Enero. “Aquí hay casas sin techo, árboles caídos; helicópteros a una velocidad jamás vista”, dijo.
El testimonio confirma el apagón del sistema eléctrico, la caída de radares y la neutralización de bases. “Toda la fuerza que teníamos para responder no funcionó”, aseguró.
Amplificación desde la Casa Blanca
En Estados Unidos, la cadena Fox News y los tabloides como The New York Post y New York Daily News —los dos primeros, propiedad de Rupert Murdoch—, se sumaron a la divulgación de la historia, en parte porque una versión fue compartida en redes sociales por la portavoz de la Casa Blanca, Caroline Leavitt, quien reprodujo un mensaje sobre el testimonio posteado en la plataforma X por Mike Netter, una figura del activismo político conservador en California.
Pero el “testimonio” posteado por Netter y compartido por Leavitt difiere del original e incluye un formato de “entrevista” con preguntas adicionales como, por ejemplo, si una de las dos personas en la conversación cree que Trump va a atacar algún país de Latinoamérica:
Guardia de seguridad: “Nadie quiere pasar por lo que nosotros pasamos. Ahora todos lo piensan dos veces. Lo que sucedió aquí va a cambiar muchas cosas, no solo en Venezuela sino en toda la región”.
El enigma de La Habana
La supuesta arma sónica usada en Venezuela recuerda el misterioso fenómeno conocido como el “Síndrome de La Habana”.
Desde finales de 2016, decenas de diplomáticos y agentes de inteligencia de Estados Unidos destinados en Cuba comenzaron a reportar síntomas inusuales: ruidos estridentes repentinos seguidos de mareos, pérdida de audición, fatiga extrema y problemas cognitivos.
Lo que comenzó como un incidente aislado, se convirtió en una crisis diplomática que llevó al cierre parcial de la embajada, bajo la sospecha de un “ataque con armas de energía dirigida”.
Los informes iniciales sugirieron el uso de “armas sónicas o de microondas pulsadas”. Según esta teoría, un actor estatal (con Rusia como principal sospechoso en los círculos de inteligencia) habría utilizado dispositivos capaces de causar daño cerebral sin dejar rastro físico externo.
El incidente enfrió las relaciones entre Washington y La Habana. Estados Unidos evacuó a gran parte de su personal y emitió alertas de viaje mientras Cuba negaba rotundamente la existencia de tales ataques, calificándolos de “ciencia ficción”.
Tras años de estudios médicos y análisis de la CIA y otras agencias estadunidenses, las conclusiones actuales son contradictorias.
Mientras algunos estudios médicos detectaron cambios cerebrales en las víctimas, un informe exhaustivo de la inteligencia estadunidense en 2023 concluyó que es “altamente improbable” que un adversario extranjero utilizara un arma secreta.
El caso sigue sin resolverse formalmente. La Casa Blanca ha pasado de buscar un “arma culpable” a centrarse en la “Ley de La Habana” que garantiza compensación y atención médica a los afectados, reconociendo que sus síntomas son reales, independientemente de si la causa fue un ataque tecnológico, factores ambientales o estrés postraumático.
Armas contra las multitudes
La administración Trump no ha confirmado si usó un “arma sónica” en Venezuela, pero medios conservadores han mantenido la historia en la atención pública estadunidense.
Además, está documentada la existencia de “dispositivos acústicos de largo alcance” (Long Range Acoustic Device, LRAD), un sistema que emite sonidos extremadamente potentes y direccionales para comunicarse o dispersar personas a grandes distancias.
Los LRDAs permiten transmitir mensajes claros a cientos o incluso miles de metros; por ejemplo para dar órdenes, advertencias o instrucciones en situaciones de emergencia. Pero también pueden emitir un tono agudo muy intenso que resulta doloroso para el oído humano obligando a las personas a alejarse del área cercana a donde se genera.
Esos dispositivos acústicos tienen la capacidad de alcanzar hasta 150–160 decibeles, un nivel que puede causar dolor inmediato, desorientación, náuseas y daño auditivo permanente con exposiciones prolongadas o cercanas.
Diversas agencias policiales y de seguridad en Estados Unidos y otros países utilizan los LRADs, una tecnología diseñada originalmente para comunicaciones de emergencia, pero que ha sido empleada también en operativos de control de multitudes.
En Estados Unidos, departamentos de policía como los de Nueva York, Seattle, Phoenix y Columbus, así como agencias federales como CBP e ICE, han adquirido estos sistemas para emitir órdenes de dispersión o advertencias a grandes distancias. El Pentágono impulsó su desarrollo inicial para usos militares y marítimos.
A nivel internacional, fuerzas de seguridad en países como Canadá, Reino Unido, Australia, Israel y Grecia han reportado el uso o adquisición de LRADs, en algunos casos durante protestas o en operativos fronterizos.
Organizaciones de derechos civiles advierten que, aunque se presentan como herramientas “no letales”, los LRADs pueden provocar dolor intenso, desorientación y daños auditivos, lo que ha generado cuestionamientos sobre su uso contra población civil.
Con información de Milenio
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