En Culiacán, una mujer cosecha hortalizas y vegetales en la azotea de su casa

Irene Medrano Villanueva

Culiacán, Sinaloa.- Lo que empezó como una afición para la familia Rojo Castro, se convirtió en un estilo y filosofía de vida: un huerto en la azotea y en el traspatio de la casa que no solo la adornan, sino que el colorido de los tomates, de las lechugas y del sinfín de flores que tienen, se ha convertido en un remanso de paz.

Nidia Castro, ama de casa que se convirtió en una gran agricultora, sostiene a su familia con comida sana y ahorran dinero.

Vive con su esposo y sus hijos en la colonia Villas del Río, no muy lejos del centro de Culiacán, sin embargo, al acceder a la parte trasera de la vivienda, cambian las nociones del espacio y el tiempo y uno siente como si estuviera en pleno campo porque se han dedicado a cultivar hortalizas y vegetales orgánicos.

Con ello, además de comer sanamente, ahorrar dinero, contribuyen a cuidar el medioambiente, pero, sobre todo, les trae el sosiego del trafago de la ciudad.

En un tiempo en el que las industrias producen grandes cantidades de alimentos utilizando químicos de distintos tipos, ella, prefiere cosechar sus propios alimentos sin ningún fertilizante porque percibe beneficios para la salud y seguridad en lo que come.

Por romántica que pueda parecer su historia, lo cierto es que Nidia Castro tuvo que buscar la manera de alimentarse lo más sano posible a partir de que le diagnosticaron esclerosis múltiple que la obligó a cambiar su forma de alimentarse y en la búsqueda de alimentos orgánicos que son tan caros y que para empezar no los hay en Culiacán, sobre todo que estén frescos, se dio a la tarea de agarrar el azadón y la pala.

“En realidad en Culiacán no hay alimentos orgánicos, los encuentro de vez en cuando, Después del diagnóstico, empecé a buscar la forma de alimentarme de manera diferente, aunque siempre he tenido la tendencia de tener una buena alimentación, si comía carnes, embutidos o comida frita y que era lo que me estaban limitando los médicos. Por ahí empezó mi principal interés, ahora es mi principal orgullo: los resultados que he tenido en mi pequeño huerto”, dice con cierta complacencia.

Cultiva en macetas y camas de siembra en la azotea.

Lo que cultiva en macetas y camas de siembra en la azotea de su casa son hortalizas que se dan por nuestro clima: tomates, berenjenas, pimientos morrones, chile poblano, pepino, calabaza, cebolla, rúcula y varios tipos de lechugas.

“Parece que tengo buena mano. Un amigo me dijo: oye, las lechugas no se dan así tan bonitas y tan grandes, he tenido la fortuna de que la madre naturaleza me ha compartido la belleza de poder cultivar lechugas y bueno otras cosas, hay un montón de semillas que se me atraviesan y que ponemos a prueba”, indica.

Precisa que en el verano cosechan, sandía, limones y en la azotea tiene principalmente las hortalizas.

Explica que la temporada fuerte, la temporada donde se alimentan al cien por ciento de lo que cosechan es de enero a mayo.

Este año, agrega, el calor se vino más temprano, así que en estos momentos ya está en decadencia, ya las plantas se están secando, como los tomates, los chiles que aguantan mucho más el calor se están llenando de plaga”, explica.

No usa abono ni pesticidas y las plantas dan frutos sanos.

“La idea de cultivar es tener del surco a la mesa las verduras muy frescas. De repente por ejemplo, veo que hay muchos tomatitos que están muy maduros, lo corto y me lo como, así sin ningún filtro, porque lo que cosecho ni siquiera tiene que lavarse si acaso el polvito se lo quito con mi camiseta”, dice con orgullo.

Nidia cuida amorosamente cada planta que siembra y lo hace con entusiasmo junto con su esposo.

“Las plantitas son cuidadas con nuestras manos, porque la labor que hay en la azotea es de colaboración, principalmente de mi esposo, él, acarrea la tierra, riega, porque a veces no tengo energía para subir, pero nos turnamos”, señala.

Señala que lo que más le gusta es que sus plantas no tienen ni abono, ni pesticidas y que las consumen sin ninguna preocupación, cuando menos en el tiempo que dura la cosecha “comemos limpio”.

Nidia cuando se expresa de lo que cultiva, lo hace con ternura, como si estuviese acariciando a uno de sus hijos, habla con entusiasmo.

“Nuestros cultivos son artesanales, dependen sólo del sustrato, el alimento que le da a la tierra, y cosechamos frutos de todo los tamaños, a veces son imperfectos, pero bellos, aquí no buscamos la calidad, esa es la gran diferencia de las industrias, nuestros frutos tienen el sabor auténtico, el tomate sabe a tomate”, dijo.

Le dedica todo su tiempo, aunque ya no sabe cuántos kilos o toneladas levanta por cosecha.

“Al principio quise contar cada fruto que cosechaba, más que saber de kilos, cuando llegué al millar de tomate cherri, pare, me dije ya no puedo con esto, aunque los datos se me hacían muy graciosos, porque lo estábamos haciendo para saber cuánto podíamos cosechar…es muy satisfactorio y bonito lo que hacemos”, indica.

Entre bromas y risas asegura que participa toda la familia.

“Participa toda la familia… mis hijos participan en el corte, pero para comérselos, no se interesan mucho, ah, pero cuando llegan sus amigos a casa, lo primero que hacen es llevarlos a la azotea y presumirles el huerto de sus papás”.

Sus flores, son otro de sus orgullos.

“Tenemos bastantes flores, quizá a los lectores del Sol de Sinaloa igual que a mi les pasó que cuando iba al súper veía muchos sobrecitos de semillas de distintas plantas, pero no había o había pocas semillas de hortalizas, pero cuando empecé a estudiar y a leer, entendí que las flores son un gran apoyo para los huertos, porque atraen a muchos insectos y aves polinizadoras”, dijo.

Dice que es un placer tener flores en el huerto, porque además de que la polinización, hace posible la fecundación, y por lo tanto, la producción de frutos y semillas, los colibríes le dan mucha alegría.

“La belleza es parte de la cosecha porque no sólo cultivamos frutos, sino la alegría, te arranca un suspiro sólo por ver el color de las flores, es una satisfacción que trae aparejada con la cosecha”.

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