“Me cobró un dinero por una vida que ya no tenía”: Madre de Bernardo Quintana

Por Carlos Rosas

Culiacán, Sinaloa (Café Negro Portal).- Hace 24 años desenterraron el cuerpo de su hijo Bernardo Arturo Duarte Quintana, quien fue secuestrado y sepultado por uno de sus amigos, y a doña Conchita Coy Quintana le cayó una lápida de sufrimiento encima.

Tras casi seis meses de su desaparición, doña Conchita, sus hijos, familiares y amigos realizaron una intensa búsqueda para dar con el paradero de su hijo de 30 años de edad y un día como hoy, pero del año 1998, las autoridades le notificaron que lo habían encontrado, pero muerto.

Después de que el entonces procurador de Justicia de Sinaloa José Antonio Figueroa Lee le informó que Bernardo había sido encontrado, no en muy buenas condiciones, en un terreno ubicado en la colonia Chapultepec, propiedad de Luis Terrazas, padre del asesino Luis Terrazas Hubbard, amigo de su hijo, el corazón de doña Conchita se hizo añicos y su cuerpo desvaneció de dolor.

Los familiares reportaron la desaparición de Bernardo el 22 de septiembre de 1997 (en el periodo gubernamental del finado ex gobernador Renato Vega Alvarado) y desde entonces, hasta aquel 2 de febrero, vivieron con el Jesús en la boca.

“Él (Luis Terrazas Hubbard) lo secuestró el 22 de septiembre. Se lo llevó y a los dos días me habló a mí y me dijo que necesitaba que le pagara 5 millones de pesos para regresarme a Bernardo. Me dijo que le llevara el dinero, que él me avisaba a dónde y al siguiente me dijo que al hotel Camino Real en Mazatlán, en dominaciones de 100, de 200 y de 50”, relató a Café Negro la sufrida madre.

Con el dinero en mano, doña Conchita, acompañada de familiares, llegó al lugar y el personal la pasó a una de las habitaciones, donde no había nada, más que un teléfono celular arriba de la cama para que se comunicara con el secuestrador.

El dinero doña Conchita lo depositó en dos valijas deportivas y el secuestrador le pidió que aventara el efectivo por la ventana.

“Le dije: Estás loco. Cómo lo voy a aventar, si daba al mar. Usted aviéntelo, me dijo. En cinco horas le entrego a Bernardo, lo tengo en la colonia El Mirador en Culiacán. Esas fueron sus palabras”, aseguró.

Ya que arrojaron el dinero por la ventana del hotel, se regresaron a Culiacán y se fueron directo a la agencia Chevrolet –que era propiedad de ella y de su familia–, a donde arribaron ambulancias, médicos, policías y demás y ahí estuvieron por espacio de cinco horas en espera de que la promesa de que le regresaría a su hijo fuera cumplida.

“Nos fuimos a la colonia El Mirador, casa por casa, buscándolo, pero no lo encontramos. O sea, me cobró un dinero por una vida que ya no tenía, ya lo había matado. Cuando él declaró, ya lo había matado”, recordó.

Doña Conchita asegura que Luis Terrazas no tuvo piedad de su hijo, de ella ni de su familia ya que 29 días antes de que privara de la libertad a Bernardo, su madre Concepción Polledo de Quintana murió y poco le importó pese al dolor que estaba padeciendo la familia e incluso ella tenía año y medio de haber llegado de Estados Unidos, donde fue sometida a un tratamiento de cáncer.

“Aquí estoy todavía viva. Yo creo que él creía que me iba a morir rápido y mira. Bendito mi Dios”, sostiene.

Afirma que Luis y Bernardo eran conocidos de “siempre”, es decir amigos de toda la vida y ambos tenían la misma edad al momento que sucedió el hecho.

El ex procurador de Justicia José Antonio Figueroa Lea retomó las investigaciones del secuestro de su hijo después de Roberto Robles Rendón intervino y estuvo entorpeciéndolas.

“Gracias a él y a su gente, lograron dar con este tipo después de llamadas, no sé qué tanto hicieron, a la mejor intervenciones de teléfono para llegar. El caso que un día X me dicen a las 9 de la mañana. Señora, el licenciado Figueroa Lee, señora Coy: tengo a Bernardo, no como yo quisiera, pero aquí lo tengo. Ya que me dijo no como yo quisiera, dije yo: Malo”, agregó.

De inmediato, doña Conchita se trasladó a las oficinas de la entonces Procuraduría de Justicia y ahí Figueroa Lee le ratificó que su hijo había sido encontrado muerto en un predio de la colonia Chapultepec y su cuerpo estaba en una funeraria local.

“El mismo Terrazas, cuando lo detuvieron, trató de comprar a esos policías, que no se vendieron, me consta. Les ofrecía 100 mil dólares porque lo dejaran libre y nunca lo quisieron dejar libre. Y dice uno de ellos: Ándale para que se calle la vieja”, indicó.

El secuestrador llevó a los investigadores hasta donde estaba el cadáver de Bernardo, el cual estaba depositado en el patio de dicho terreno bajo una loza de concreto, por lo que tuvieron que llevar maquinaria pesada para poder romper la loza y sacar el cuerpo.

“Ahí lo tenía sepultado, envuelto en bolsas de plástico y la cabeza encintada, en esa cinta plateada, engomada que hay. Tengo una fotografía de cómo estaba la cabeza de Bernardo cuando lo encontramos, toda encintada, pero son cosas que…”, se atraganta doña Conchita tras relatar cómo fue hallado el cuerpo de su hijo.

Al momento de sacar el cuerpo fue identificado porque portaba sus credenciales, pulceras, reloj, botas, cadenas y un escapulario enredado en el cuello.

“Le dio con una pistola, dicho por él mismo. Le pegó primero en la cabeza y luego en la frente, cuando dio vuelta Bernardo y lo tumbó al suelo, perdió el conocimiento. Lo encintó y yo creo que se broncoaspiró con la sangre”.

Cuando secuestró a su hijo, aseguró, Luis Terrazas se lo llevó a un cuarto de hotel en la salida norte de Culiacán “y ahí estuvo, hasta que alguien, nunca ha querido decir él, lo debió haber ayudado y lo llevaron a enterrar a un terreno de una privada que era de su papá que está detrás del Hospital Civil”, destacó.

El cuerpo de su hijo fue encintado y embolsado en hule negro y luego sepultado en una hoyo en el terreno “y ahí se debió haber muerto de la misma sangre, me imagino, adentro de la camioneta”, dijo.

Para pagar por el rescate de su hijo, doña Conchita pidió prestados los 5 millones de pesos a la financiera de General Motors y después tuvo que vender las acciones a los Coppel para poder cubrir el adeudo.

Luis Terrazas Hubbard actualmente se encuentra internado en el penal purgando una condena de 46 años, 7 meses y “treintaintantos días”, castigo que fue ratificado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y firmado por la entonces magistrada Olga Sánchez Cordero.

“Está ahorita en el penal, haciendo lo posible y consiguiendo gente involucrada para que den orden de que lo saquen. Se quiere salir de la cárcel, ahí lo tengo, tengo 24 años luchando para que no salga a hacerle daño a otra gente porque ese tipo no está completo. Si eso le hizo a mi hijo hace 24 años, qué no irá a hacer si lo dejan libre”.

Para que el caso de su hijo no quede impune, doña Conchita le exigió al entonces gobernador Juan Millán que no interviniera “ni para bien ni para mal” y lo mismo pide al actual gobernador Rubén Rocha Moya.

“A Rocha que se haga justicia y que se quede dentro porque si acaso sale, yo garantizo que él no puede estar bien de la cabeza después de lo que hizo”.

Doña Conchita dice tener la mitad de su corazón ya que la otra parte se la llevó su hijo y no hay día y noche que no deje de pensar en él.

“Yo te digo una cosa que le he preguntado a varios: Si a ti se te mueren los padres, eres huérfano; si se te muere el marido o la mujer, eres viudo, pero si tú sabes, dime, ¿cómo se le llama a quien le matan o se le muere un hijo? No tiene nombre. ¿Verdad? Y hay otros casos similares aquí en Culiacán que no tiene nombre lo que les ha pasado”, puntualizó.

Ni el dinero ni su hijo regresó a casa, donde todavía su familia llora su muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

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